domingo, 21 de marzo de 2010

La República Solitaria


En 1934 España estaba inmersa en tal violencia que la llegada de una guerra civil era ya cuestión de tiempo. Por un lado había una gran dificultad de entendimiento entre radicales y cedistas, con un Gil Robles en el gobierno que no se cortaba a la hora de apasionar los ánimos y por otro lado Largo Caballero impaciente desataba torbellinos de subversión en sus discursos.



“La democracia no es para nosotros un fin, sino un medio para ir a la conquista de un Estado nuevo. Llegado el momento, el Parlamento o se somete o le hacemos desaparecer” (Gil Robles).

Quizá, Largo Caballero asumió orgullosamente el apodo del “Lenin español”, que le colocó su colaborador en el Ministerio de Trabajo, Araquistain. Dicho apodo podía arrastrar a las masas a unírsele, ya que fácilmente se identifica a Lenin con las masas proletarias explotadas, también puede ser tomado como una toma de posición y advertencia hacia una inminente revolución del proletariado.

“Se dirá: ¡Ah, ésa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente.
Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ¡Como en Rusia!). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad.
Y en tal caso, camaradas, habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aun los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar.
El 19 vamos a las urnas… Mas no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase…
Tenemos que luchar, como sea, hasta que en la torres y en los edificios oficiales ondee, no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”. (Largo Caballero, El Socialista, 1933).

Las partes en confrontación no daban lugar a un entendimiento mutuo que pudiese prosperar en una mejora de la situación en España. La República que había comenzado de una forma pacífica daba síntomas de deterioro, en parte porque los socialistas de Largo Caballero pretendían utilizarla para su propia revolución al margen de la legalidad y la llegada de la derecha social de la CEDA, expulsó a los socialistas de la toma de decisiones en el gobierno.
No hay que olvidar en estos tiempos en que el PSOE se apropia del concepto de socialismo (como si fuera propio de la supuesta “izquierda” que representa este partido) que este fue definido por Marx como una fase que precede al comunismo. En realidad, lo que representa este concepto oscuro y engañoso en el PSOE es el programa social que pueda llevar a cabo, que en ningún caso es genuinamente de izquierda, porque los demás partidos políticos tienen también su propio programa social como es el caso del PP, por lo que tan socialista es el PSOE como el PP, y tan socialista pudieron ser los socialistas liderados por Largo Caballero como después lo fue el régimen de Franco.
Besteiro, que se encontraba en disconformidad con las posturas de Largo caballero decía que el porvenir socialista era "pésimo" porque el "ciempiés bolchevizante está solo y señor en el horizonte proletario...”. Besteiro hubiera preferido no colaborar con la República e intentar ir influenciando poco a poco en la legislación y en los organismos de carácter social reformista, aduciendo el ejemplo de la política capitalista llevada a cabo por Roosevelt en los Estados Unidos. Tanto Besteiro como Caballero entendían perfectamente las palabras de indignación de Azaña, cuando camino a un mitin en Mestalla, masas violentas salían a las estaciones gritando: ¡abajo la Burguesía!, a lo que, Azaña harto de oírlo en cada estación, se asomo a la ventana y le gritó a la multitud: ¡idiotas! ¡Yo soy un burgués!
La Guerra Civil pudo haberse evitado si las pasiones hubiesen sido controladas, la República al disponer de las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil tenía el poder de controlar cualquier acto de rebeldía y subversión contra esta, pero se le dio la espalda y Azaña, en otro mitin esta vez en las afueras de Madrid, decía: ¡No me llevéis al poder si no me vais a dejar gobernar!

La Revolución de Octubre de 1934 será el punto de no regreso y de disolución de la República, tomada como rehén por los revolucionarios. Los socialistas de Largo Caballero encabezaron el movimiento y Azaña fue detenido en Barcelona, procesado y encerrado en un barco.

“Un llamamiento a toda España
los asturianos deben hacer,
para la lucha contra el fascismo
y destruirlo como un vil ser
Salud y suerte a los compañeros,
vengar tendremos todo este horror
El socialismo es nuestra bandera,
¡Vivan los soviets, viva la unión!
Habanera roxa (canción)”.

El dualismo marxista de comunismo/capitalismo fue adoptado por los revolucionarios asturianos en su versión estalinista de fascismo/comunismo, y esta era la fórmula que justificaban para dicha revolución, la lucha contra los fascistas, que a partir de entonces fue utilizada para denigrar a los adversarios de la izquierda, llegando hasta la actualidad su utilización. Pero el término fascista ya no tuvo a partir de entonces una connotación política, sino que fue reducido a un simple insulto. Los revolucionarios aducían que era un “golpe preventivo” contra un supuesto golpe de estado que los fascistas de la CEDA y sus aliados estarían preparando.
Este término es la justificación que se dio para la lucha armada, una formula simplista de apropiarse de las pasiones de las masas. Aun hoy día persiste la creencia de que el régimen franquista fue de ideología fascista, un régimen que una vez terminada la Guerra Civil se deshizo rápidamente de los falangistas que habían colaborado en el alzamiento de 1936. Si persiste aun esta idea hoy, es debido a la necesidad de una supuesta “izquierda” de justificar su papel en la política española como contraposición a una oposición “fascista”, principalmente debido al vaciado de iniciativas verdaderamente políticas, una oposición que es identificada con un régimen franquista fascista.

sábado, 20 de marzo de 2010

Tópicos de Montesquieu


CARTA LXXVIII
RICA á USBEK, á ......

Te envío copia de una carta escrita por un Frances que se halla en España y creo que gustarás de verla.
"Seis meses hace que viajo por España y Portugal, y vivo en pueblos que desprecian a todos los demás, haciendo únicamente a los franceses la honra de aborrecerlos.
Es la gravedad el carácter de dos modos principalmente, por los anteojos y los bigotes. Los anteojos son prueba demostrativa de que el que los gasta es sujeto consumado en las ciencias y se ha engolfado en profundos estudios tanto que se le ha cansado la vista; de suerte que toda nariz oranada o cargada de anteojos se reputa, sin contradicción una nariz doctísima. El bigote es respetable por sí propio y no respecto a sus consecuencias, puesto que no pocas veces acarrea mucha utilidad al servicio del príncipe, y en provecho de la nación, como lo mostró un célebre general portugués en la India, que encontrándose falto de dinero, se cortó uno de sus bigotes y envió a pedir veinte mil doblones sobre esta prenda a los vecinos de Goa, que inmediatamente se los prestaron, y luego desempeñó honradamente su bigote. Bien se echa de ver que unos pueblos tan flemáticos y graves como estos han de ser altivos, y efectivamente lo son, fundando su arrogancia en dos cosas de no poca entidad. Los que viven en el continente de España y Portugal tienen mucha vanidad, cuando son lo que llaman cristianos rancios; esto es, cuando no son oriundos de aquellos a aquienes ha persuadido la inquisición en los postreros siglos a que abracen la religión cristiana. Los que viven en Indias no tienen menos arrogancia cuando contemplan que les asiste el mérito sublime de ser, como dicen, hombres de casta blanca. Nunca hubo en el Serrallo del Gran Señor sultana más ufana con su hermosura, que lo está el ximio más viejo y más feo con la blancura de su cutis color de aceituna, cuando en un pueblo de la Nueva España se sienta con sus manos cruzadas a la puerta de la calle: sujeto de tamaña importancia, criatura tan perfecta no trabajará por todos los tesoros del orbe, ni se resolverá nunca a comprometer con una soez y mecánica industria la dignidad y la nobleza de su cutis. Porque se ha de saber que cuando goza una cierta prerogativa en España, por ejemplo cuando con las prendas que acabo de circunstanciar junta la de ser poseedor de una espada ancha, o haber aprendido de su padre la habilidad de rascar una disonante vihuela, ya no trabaja, interesándose su pundonor en el sosiego de sus miembros. Quien se está sentado diez horas al día consigue cabalmente doble aprecio que quien no lo está más que cinco, porque se grangea la nobleza repantigándose en una silla. Mas si bien hace alarde todos estos enemigos del trabajo de una tranquilidad filosófica, no la tienen en el pecho, porque siempre están enamorados, y son los hombres más dispuestos que hay en el mundo a morirse de puro derretidos bajo las rejas de sus damas, de manera que todo español que no está acatarrado no es tenido por aficionado al bello sexo. Primero son devotos, y después celosos. Se guardarán muy bien de exponer a sus mujeres a los embates de un militar acribillado de heridas, o de un magistrado decrépito; pero las encerrarán con un fervoroso novicio que baje los ojos, o con un franciscano robusto que los levante. Permiten que salgan sus mujeres a la calle con los pechos al aire, pero no que enseñen el talón, o que descubran la punta del pie. Dicen que en todas partes son crueles los rigores del amor, pero en España lo son más que en cualquier otra. Las mujeres sanan a los españoles de sus quebrantos, pero es para darles otros, y muchas veces les queda una penosa y duradera memoria de un apasión ya muerta. Usan de ciertas ceremonias corteses que parecerían muy impertinentes en Francia: así nunca apalea un capitán a un soldado, sin pedir que le de licencia, ni quema la inquisición a un judío, sin rogarle que la perdone. Los españoles que no son quemados son tan adictos a la inquisición que fuera cargo de conciencia el quitársela. Yo quisiera que estableciesen otra, no contra los herejes, sino contra los heresiarcas que atribuyen a frívolas ceremonias fraileras las propia eficacia que a los sierte sacramentos, adoran todo cuanto veneran, y es tanta su devoción que no tienen cristiandad. Entendimiento claro y sana razón se encuentra en los españoles, más no se busque en sus libros. Vease una de sus bibliotecas; novelas a un lado, y escolásticos a otro; cualquiera diría que han hecho ambas partes y reunido el todo un enemigo secreto de la razón humana. El único buen libro que tienen es el que ha hecho ver lo ridículo que eran todos los demás. Han hecho inmensos descubrimientos en el nuevo mundo, y aun no conocen su propio continente; en sus ríos hay puentes que todavía no están descubiertos, y en sus montañas pueblos que no conocen."
Mucho celebraría, Usbek, de ver una carta escrita a Madrid, por un español que viajase por la Francia, que bien creo que vengaría su nación. ¡Que campo tan vasto para un sujeto flemático y contemplativo! Se me figura que empezaría la descripción de París del modo siguiente. "Aquí hay una casa donde encierran a los locos: era de presumir que fuese la más espaciosa del pueblo; más no, que sería mezquino remedio para tanta enfermedad. Sin duda los franceses que están reputados por tan de poco seso entre sus vecinos meten algunos locos en una casa, para que crean que están en su juicio los que viven fuera." Pero dejemos a mi español. Adios, amado Usbek.

De París, a 17 de la luna Safar, 1715.


Montesquieu, Cartas Persas, 1717.

Contemplativos

Goya, La pradera de San Isidoro, 1788.

Granada, Fiesta de la Primavera.

















Contraviniendo la voluntad y las amonestaciones claras del Excmo. Sr. (tenía la Gran Cruz) D. Alejandro Sánchez Botín, Isidora fue a la pradera de San Isidoro, acompañada de su doncella, de Riquín, de D. José de Relimpio y de Mariano. La prisionera del Sátiro no podía ya el anhelo de expansión, de correr libremente, de ser dueña de sí misma un día entero, y, principalmente de darse el gusto de la desobediencia. Haciéndole rabiar gozaba más que divirtiéndose ella. Ya se aplacaría el tirano, pronunciando un par de buenos sermones, y si no se aplacaba, mejor. Estaba cansada de tan grande y molesto estafermo, y bien podía suceder que no haciendo caso de sus insufribles exigencias llegase a dominarle y someterle. Para fundar este imperio convenía un golpe de Estado.

Entre su doncella y la peinadora la cistieron de chula rica. Aquella mañanita de San Isidro, mientras duró el atavío chulesco, todo era regocijo en la casa, todo risas y alegrías. Don José andaba a gatas sirviendo de caballo a Riquín, ya vestido desde el amanecer de Dios, y Mariano cantaba en la cocina rasgeando una guitarra. El vestirse de mujer de pueblo, lejos de ofender el orgullo de Isidora, encajaba bien dentro de él, porque era en verdad cosa bonita y graciosa que una gran dama tuviera el antojo de disfrazarse para presenciar más a su gusto las fiestas y divertimientos del pueblo.

Isidora sentía un regocijo febril y salvaje. Todo le llamaba la atención, todo era motivo de grata sorpresa, de asombro y de risa. Nunca como entonces le saltó el dinero en el bolsillo y le escoció en las manos, pidiéndole, por extraño modo, que lo gastase. Lo gastaba a manos llenas, y si hubiera llevado mil duros, los habría liquidado también. A los pobres sin número les daba lo que salía en la mano.

Benito Pérez Galdós, La Desheredada, 1881.

Por una parte la época que retrata Goya, con una nobleza decadente, ociosa y entregada a las modas, viviendo una época al filo de la navaja, pero sin mayor preocupación al caso. Por otro lado nuestro presente, donde todo llega a todos, y consumimos tal cantidad de productos que en ningún momento de la historia pasada ha podido ver ningún hombre. Siempre viviendo al filo de la navaja, pero sin mayor preocupación al caso.
Las clases nobles de hoy, como ayer, nobles por el prestigio de sus antepasados, acceden igualmente a todo, porque todo llega a todos. Lo único que varía es el precio de los productos que vienen a ser lo mismo. Han de convivir entre grandes multitudes y en ciertos momentos, les sobreviene la nostalgia, incapaces de ver su reflejo vaporoso, perdidos en un tumulto.

Las visiones oníricas

(El Bosco, El juicio Final)

La visión durante los sueños consiste realmente en la captación instantanea que lleva a cabo el alma racional, en su esencia espiritual, de las imágenes de los acontecimienos.[...] El alma se apodera del conocimiento de los acontecimientos futuros que desea conocer y lo convierte en percepciones sensibles. Si la captación es débil e imprecisa, el alma las conforma como alegorías o fantasías que mecesitan interpretación. [...] Su categoría espiritual está por debajo de la de los ángeles. [...] Dios otorgó a los humanos la posibilidad de levantar el velo de los sentidos durante el sueño. [...] Se recoge en el Sahih que el Profeta dijo: "Las visiones oníricas son de tres tipos: las que inspira Dios, las que inspiran los ángeles y las que inspira el demonio". Las nítidas provienen de Dios; las alegóricas, que requieren interpretación, provienen de los ángeles; y las "marañas de sueños" provienen del demonio porque todas ellas son vanas, y el demonio es el origen de la futilidad. [...] En el Kitab al-Gaya y en otras obras de este tipo se mencionan palabras que deben pronunciarse justo antes de dormirse para provocar la visión de lo que se desea conocer, y que reciben el nombre de "propiciadoras de visiones oníricas"[...] Se trata de la fórmula en lengua no árabe "tamagis ba`da an yaswad wa-gadas nawfana gadis" tras la cual se expresa el deseo, y el que lo hace verá cómo se le presenta en sueños lo que ha solicitado. [...] A mí mismo me ocurrió que tuve, pronunciando estas palabras, una extraña visión en la que supe cosas que deseaba conocer sobre aspectos de mi vida.

Ibn Jaldún, al-Muqaddima, 1377.

Comentarios paganos parecidos suelen escucharse aun hoy día sobre los sueños, concretamente en la España católica. Recuerdo de alguien que me contó una vez que si eres capaz de darte cuenta del sueño que estas teniendo en ese momento, es decir dentro del mismo sueño "estas despierto", se te presenta un señor al que debes dirigirte haciéndole preguntas directamente sobre tu vida, el cual te va a responder a lo que le preguntes. No he hecho la compoaración con la tradición católica sobre estas cuestiones, pero cuando pueda "me pondré al lío".

El Socialista Sentimental, de Francisco Umbral


Extracto

Una noche fuimos la Susan y yo a una movida de don Enrique Tierno Galván, nuevo alcalde de Madrid, era en la plaza del Dos de Mayo y allí estaban los progres como sardinas, chicos y chicas, como en un concierto de los Rolling, sólo lucían las candelitas de los mecheros y había porros y botellas en cantidad, se estaba a gusto entre aquella multitud, nos hacen viejos, Susan, le dije digo a la Susan, los habría hasta de quince años, con su porro trompeta, que no sabían hacérselo, un olor a maría que tiraba para atrás, cuando llegó el profe, o sea, el viejo profesor, tuvo una ovación como los roqueros, igual, y le enfocó la tele y llegaba con su chaqueta cruzada y sus gafas tan limpias, como un señor antiguo o un procurador, se metía la mano derecha debajo de la solapa y con la izquierda actuaba, quiero decir que la movía como un cura, despacio pero con elegancia, «¿estáis todos colocados, hijos míos?, sííííí... ¿bien colocados?, sííííí, pues hale, a colocarse todos a gusto», y él subido en una tarima y miles de punkis alrededor, don Enrique, el único socialista a quien llamábamos de usted, hablaba de la justicia, la libertad, la cultura, el poder, y a los socialistillas nuevos los llamaba «esos chicos calvitos», Bustarviejo me tenía dicho a mí que Tierno era un marxista mecanicista, y eso con qué se come, en esto que la Susan me pasa un porro manchado de carmín, con las puntas de los dedos, la Susan no se pintaba de modo que suyo no era el carmín, pero había que tirar para adelante, le di una chupada y se lo pasé a una anoréxica rubita que estaba a mi lado, don Enrique seguía hablando y hasta cantó algo de gregoriano, toda la plaza cantó gregoriano, vaya movidón, Susan, y nosotros también, aquello parecía un entierro de un rey, pero en cachondeo, y así pasamos la noche y luego anduvimos por los cafés de Malasaña, Manuela y eso, donde daba
clases de griego García Calvo, que vino cuarentón de París, ni mayo del 68 ni goche divine ni hostias, nada como las movidas de don Enrique, nos acostamos de madrugada y echamos un caliqueño sin comerlo ni beberlo, que andábamos flotantes, es lo que me decía Bustarviejo al día siguiente, sí, Asís, Tierno es un marxista mecanicista, en efecto, pero es además un socialista culto, inteligente, que sabe conquistar a las masas, aquí en el partido no le quieren, lo ven peligroso, los intelectuales no tenemos nada que hacer con Felipe, salvo los cuatro que él lleva a la bodeguilla, pero en todo partido está prohibido el pensar, el tipo con iniciativas, el heterodoxo, Marx condenó el «aventurerismo revolucionario», como decía él, y en eso se basan para prohibir a la gente que piense, que se salga de la disciplina, que tenga ideas, pero todos los partidos son iguales, ya te digo, y el comunista peor, lo de Tierno es una aventura personal que se acabará en él, como eso que me cuentas del bocadillo, seguramente ese Moreno es un hombre de mérito para la revolución, y algo ha conseguido de momento, pero en la Federación empezarán a controlarle y, por otra parte, tu banco no creas que se lo va a perdonar, ése ya no hace más carrera, la verdad es que un intelectual no puede vivir ni dentro ni fuera del partido, y ahí veía yo en Bustarviejo al resentidillo, al hombre que quería un carguete, o publicar sus artículos y sus versos en los órganos del partido, y me daba como pena de él, y quién soy yo para tener lástima de este cráneo privilegiado, como dicen en el teatro, si no hago más que aprender cosas de él, el bar donde acudíamos estaba pintado de verde, con la televisión al fondo, sin sonido, y tenía una actividad continua, pero no ruidosa, buena para hablar allí con los vasos en el zinc, y material de mucho picar debajo de la cristalera, y una cueva de jamones al fondo, Bustarviejo, ¿hace un huevo duro para cada uno?, y nos tomábamos el huevo duro con sal y el riojita y a mí me parecía que ésa iba a ser toda la cena de mi amigo, solo en su
casa, que yo creo que no cenaba nunca, como los hidalgos de los libros, por la escuela mayormente, al bar acudían también otros grupos de la sede, cuando salían de alguna reunión, y nos saludaban como compañeros, a ver, pero distantes, una vez me pareció oír a mis espaldas «ese Bustarviejo le está comiendo el coco a Asís», y otro, «a Asís no hay quien le coma el coco, que lo tiene muy duro», me llené de valor y de rabia pero no me volví, si me vuelvo le doy con la mano, quieto, Asís, me dije, que te expulsan del partido, y me sentía más unido a Bustarviejo, que no era un hortera porque la sede de mi barrio estaba llena de horteras.
Una tarde fue a visitar la sede Alfonso Guerra, que no tenía el carisma de Felipe, pero podías hablar con él más sencillo, más abierto, y estuvo viendo los locales por encima y los compañeros le pidieron que nos dijese algo y Guerra estuvo improvisando, dijo que aquí en los barrios, en los pueblos de Madrid, en estas sedes y entre el vecindario, es donde se hace el verdadero socialismo y que en el Parlamento y esos sitios la gente va a lucirse, que le gustaba mucho estar entre nosotros porque él era un socialista de base, bueno, hizo un poco de populismo y demagogia, pero Bustarviejo me decía luego:
—No creas, él es así, está más cerca de nosotros, Alfonso es el que llevó a Felipe al partido, en Sevilla, Alfonso ama el partido, Felipe lo utiliza, por cierto que ahora no andan muy bien entre ellos, Felipe es una creación de Guerra y eso nunca lo perdona el que ha sido creado, es lo del aprendiz de brujo, bueno, ya se nota que yo le tengo un especial cariño a Alfonso ¿no? Guerra había reconocido en seguida a Bustarviejo y le dio un abrazo de saludo y otro de despedida, cuando se hubo ido, le pregunté a Bustarviejo por qué no le había planteado sus quejas, lo de las colaboraciones, el puestecillo que mi amigo quería en la FSM, todo eso, y él que de ninguna manera, que hay que mantener el decoro, que no se puede ir de pedigüeño, que esas cosas tienen que salir de los demás. Pero, mientras Guerra hablaba, yo le había visto a Bustarviejo limpiarse las gafas, y a lo mejor se estaba limpiando una lágrima, de modo que cruzamos al bar, que ya se sabe, las penas con pan son menos. (El Bustar, jubilado, se había venido al pueblo.)

Francisco Umbral, El socialista sentimental, 2000, paginas 15-16.


Para mi la lectura de este libro fue un descubrimiento de un gran escritor español, lo comparaba con Galdós, en cuanto que siempre transcurren sus novelas en un trasfondo histórico, donde los temas políticos y sociales son muy destacados. Eso sí, con una visión y agudeza de quien sabe lo que dice. En esta novela ocurre casi al contrario, la historia de amor y desamor transcurre como de fondo, para ir proyectando uno tras otro diversos sucesos de la historia de España de los años 80 y 90.
Tiene una gran cantidad de libros, todos los que he leído son muy buenos, pero éste sobre todo me encanto. No leía sus columnas en el diario el Mundo, pero al igual que Pérez Reverte sacó en tres tomos una recopilación de sus artículos, me parece imprescindible poder acceder a los artículos de Umbral, porque desde su propia mirada al mundo había una persona inquieta e inconfo

¿Literatura de viajes o Libros de viajes?





Quien mejor que Emilio García Gómez para hablar sobre Al-Andalus. De los pocos grandes arabista que ha habido en España. Si hay que buscar referencias sobre dicha época es obligado recurrir a él y leer sus libros, tanto ensayos históricos y filológicos, como traducciones como, El Collar de la Paloma, de Ibn Hazm, uno de los grandes poetas cordobeses (dejo un enlace para leer la traducción completa que hizo Emilio)o Poemas árabes en los muros y fuentes de la Alhambra, libro, que por otra parte, he buscado por todas las librerias de Granada y es imposible encontrar, así como otros muchos de él. Sólo he podido conseguir dos libros, uno un estudio preliminar sobre el poeta de la Alhambra Ibn Zamrak y otro sobre 5 biografías de poetas islámicos. Al leer el collar de la Paloma, lo primero que choca e impresiona es el españolismo de Ibn Hazm y la vida callejera y de barrio, por ejemplo, al terminar el prólogo, escribe al amigo al que iba dirigida su risala: "Perdóname que no traiga a cuento historias de beduinos o de los antiguos, pues sus caminos son muy diferentes de los nuestros"; también dice frases como, "mi defecto es que mi Oriente es mi Occidente".
Creo que las mejores contextualizaciones históricas de Al-Andalus, de la forma más sencilla y más poética estan en las lecturas de García Gómez. Su lectura es rápida y a la vez llena de conocimientos. Uno de sus libros que he intentado buscar, y que no encuentro, es un libro de viajes que escribió recogiendo la correspondencia que le enviaba a su maestro Asín Palacios (otro de los grandes arabistas españoles) en 1927, se titula, Viaje a Egipto, Palestina y Siria. Pienso que es imprescindible leerse dicho libro antes de visitar estos lugares, por que nadie mejor que García Gómez nos va a contar y nos va a revivir la historia y los muertos de Oriente.
Recuerdo una conferencia en Granada, dedicada a los libros de viajes, en ella participaban entre otros, el batería de los Genesis, Chris Stewart, que vivía por entonces en Almuñecar, creo, y que se dedica a escribir lirbos de viaje y otros escritores, entre ellos otro inglés afincado en la Alpujarra. Aquello fue un ir y venir de pedantería suma, y en un momento alguno de los intervinientes preguntó (porque aquello eran mutuas entrevistas) a otro si prefería a la hora de hacer un viaje recoger información sobre los lugares que iba a ver o si por el contrario prefería ir sin "previo aviso" y quedar deslumbrado ante lo que pudiera toparse en el viaje. El otro interlocutor, entre sonrisas chavacanas y ambiente entre amigos que parecían salidos del siglo victoriano, le contestaba que la mejor manera de vivir un viaje era ir sin guía y sin conocimiento del país y lugares que podía toparse. Yo no me fui de allí porque aquello era muy estrecho y por desgracia estaba sentado entre los primeros, así que aguanté. Pero ¿que clase de viajes hacían estas personas? Simplemente no escribían libros de viajes, sino que probablemente sus libros estarán llenos de literatura pedante y vana, contando cuatro anécdotas del viaje cuando se topan con "el buen salvaje" y poco más. ¿Y que pretendían con esa respuesta? ¿Acaso intentaban hacer pensar al personal que hay dos tipos de turismo, uno de el de los turistas en masa y otro el de los turistas... o mejor llamarlos viajeros, que buscan experiencias espirituales? A mi me parece absurda esa distinción, porque lo que esta gente hacía era simple y llanamente turismo, aunque quieran darle un toque romántico, como siempre han echo todos los escritores de viajes ingleses. Uno sale de su país en Occidente por dos razones, una por turismo y otra para trabajar.
Volviendo a la obra de García Gómez, uno de los grandes problemas del mundo editorial en estos días, es que no se reeditan libros tan importantes como estos, libros que por otra parte en el momento que se ponen a la venta se agotan en poco tiempo sus ventas. Podría citar otros tantos, como por ejemplo, obras de Sanchez Albornoz o de Henri Pirenne, de Asin Palacios, etc. ¿A qué se debe esto? Y es que, ni si quiera en internet se pueden encontrar. ¿Por qué google no pone como vista completa todos los libros que tiene?o¿por qué el gobierno español no deja que google ponga estos libros para todo el público?y por el contrario, sí se dedica a subir a la red, desde las distintas instituciones culturales, una serie de libros, previamente seleccionados, que en la mayoría de los casos carecen de interés, o están en latín. ¿Acaso un español que haya pasado por la enseñanza obligatoria termina aprendiendo latín?¿No es el latín una de las asignaturas desechables hoy día?Y esto no lo digo yo.

¿Masculino o Femenino?


No hay duda que nuestro tiempo es tiempo de jóvenes. El péndulo de la historia, siempre inquieto, asciende ahora por el cuadrante «mocedad». El nuevo estilo de vida ha comenzado no hace mucho, y ocurre que la generación próxima ya a los cuarenta años ha sido una de las más infortunadas que han existido. Porque cuando era joven reinaban todavía en Europa los viejos, y ahora que ha entrado en la madurez encuentra que se ha transferido el imperio a la mocedad. Le ha faltado, pues, la hora de triunfo y de dominio, la sazón de grata coincidencia con el orden reinante en la vida. En suma: que ha vivido siempre al revés que el mundo y, como el esturión, ha tenido que nadar sin descanso contra la corriente del tiempo. Los más viejos y los mas jóvenes desconocen este duro destino de no haber flotado nunca; quiero decir de no haberse sentido nunca la persona como llevada por un elemento favorable, sino que un día tras otro y lustre tras lustro tuvo que vivir en vilo, sosteniéndose a pulse sobre el nivel de la existencia. Pero tal vez esta misma imposibilidad de abandonarse un solo instante la ha disciplinado y purificado sobremanera. Es la generación que ha combatido más, que ha ganado en rigor más batallas y ha gozado menos triunfos.

Mas dejemos por ahora intacto el tema de esa generación intermediaria y retengamos la atención sobre el momento actual. No basta decir que vivimos en tiempo de juventud. Con ello no hemos hecho más que definirlo dentro del ritmo de las edades. Pero a la vera de éste actúa sobre la sustancia histórica el ritmo de los sexos. ¡Tiempo de juventud! Perfectamente. Pero ¿masculino, o femenino? El problema es más sutil, más delicado -casi indiscreto. Se trata de filiar el sexo de una época.

Para acertar en ésta, como en todas las empresas de la psicología histórica, es preciso tomar un punto de vista elevado y libertarse de ideas angostas sobre lo que es masculino y lo que es femenino. Ante todo, es urgente desasirse del trivial error que entiende la masculinidad principalmente en su relación con la mujer. Para quien piensa así, es muy masculino el caballero bravucón que se ocupa ante todo en cortejar a las. damas y hablar de las buenas hembras. Este era el tipo de varón dominante hacia 1890: traje barroco, grandes levitas cuyas haldas capeaban al viento, plastrón, barba de mosquetero, cabello en volutas, un duelo al mes. (El buen fisonomista de las modas descubre pronto la idea que inspiraba a ésta: la ocultación del cuerpo viril bajo una profusa vegetación de tela y pelambre. Quedaban sólo a la vista manes, nariz y ojos. El resto era falsificación, literatura textil, peluquería. Es una época de profunda insinceridad: discursos parlamentarios y prosa de «artículo de fondo»).

El hecho de que al pensar en el hombre se destaque primeramente su afán hacia la mujer revela, sin más, que en esa época predominaban los valores de feminidad. Sólo cuando la mujer es lo que más se estima y encanta tiene sentido apreciar al varón por el servicio y culto que a ésta rinda. No hay síntoma más evidente de que lo masculino, como tal, es preterido y desestimado. Porque así como la mujer no puede en ningún caso ser definida sin referirla al varón, tiene éste el privilegio de que la mayor y mejor porción de sí mismo es independiente por completo de que la mujer exista o no. Ciencia, técnica, guerra, política, deporte, etc., son cosas que el hombre se ocupa con el centro vital de su persona, sin que la mujer tenga intervención sustantiva. Este privilegio de lo masculino, que le permite en amplia medida bastarse a sí mismo, acaso parezca irritante. Es posible que no lo sea. Yo no lo aplaudo ni lo vitupero, pero tampoco lo invento. Es una realidad de primera magnitud con que la naturaleza, inexorable en sus voluntades, nos obliga a contar.

La veracidad, pues, me fuerza a decir que todas las épocas masculinas de la historia se caracterizan por la falta de interés hacia la mujer. Ésta queda relegada al fondo de la vida, hasta el punto de que el historiador, forzado a una óptica de lejanía, apenas si la ve. En el haz histórico aparecen sólo hombres, y, en efecto, los hombres viven a la sazón sólo con hombres. Su trato normal con la mujer queda excluido de la zona diurna y luminosa en que acontece lo más valioso de la vida, y se recoge en la tiniebla, en el subterráneo de las horas inferiores, entregadas a los puros instintos -sensualidad, paternidad, familiaridad-. Egregia ocasión de masculinidad fue el siglo de Pericles, siglo sólo para hombres. Se vive en público: ágora, gimnasio, campamento, trirreme. El hombre maduro asiste a los juegos de los efebos desnudos y se habitúa a discernir las más finas calidades de la belleza varonil, que el escultor va a comentar en el mármol. Por su parte, el adolescente bebe en el aire ático la fluencia de palabras agudas que brota de los viejos dialécticos, sentados en los pórticos con la cayada en la axila. ¿La mujer?... Sí, a última hora, en el banquete varonil, hace su entrada bajo la especie de flautistas y danzarinas que ejecutan sus humildes destrezas al fondo, muy al fondo de la escena, como sostén y pausa a la conversación que languidece. Alguna vez, la mujer se adelanta un poco: Aspasia. ¿Por que? Porque ha aprendido el saber de los hombres, porque se ha masculinizado.

Aunque el griego ha sabido esculpir famosos cuerpos de mujer, su interpretación de la belleza femenina no logró desprenderse de la preferencia que sentía por la belleza del varón. La Venus de Milo es una figura masculofemínea, una especie de atleta con senos. Y es un ejemplo be cómica insinceridad que haya sido propuesta imagen tal al entusiasmo de los europeos durante el siglo XIX, cuando más ebrios vivían de romanticismo y de fervor hacia la Pura, extremada feminidad. El canon del arte griego quedó inscrito en las formas del muchacho deportista, y cuando esto no le bastó, prefirió sonar con el hermafrodita. (Es curioso advertir que la sensualidad primeriza del niño le hace normalmente sonar con el hermafrodita; cuando más tarde separa la forma masculina de la femenina sufre -por un instante- amarga desilusión. La forma femenina le parece como una mutilación de la masculina; por lo tanto, como algo incompleto y vulnerado).

Sería un error atribuir este masculinismo, que culmina en el siglo de Pericles, a una nativa ceguera del hombre griego para los valores de feminidad, y oponerle el presunto rendimiento del germano ante la mujer. La verdad es que en otras épocas de Grecia anteriores a la clásica triunfó lo femenino, como en ciertas etapas del germanismo domina lo varonil. Precisamente aclara mejor que otro ejemplo la diferencia entre épocas de uno y otro sexo lo acontecido en la Edad Media, que por sí misma se divide en dos porciones: la primera, masculina; la segunda, desde el siglo XII, femenina.

En la primera Edad Media la vida tiene el más rudo cariz. Es preciso guerrear cotidianamente, y a la noche, compensar el esfuerzo con el abandono y el frenesí de la orgía. El hombre vive casi siempre en campamentos, solo con otros hombres, en perpetua emulación con ellos sobre temas viriles: esgrima, caballería, caza, bebida. El hombre, como dice un texto de la época, «no debe separarse, hasta la muerte, de la crin de su caballo, y pasará su vida a la sombra de la lanza». Todavía en tiempos de Dante algunos nobles -los Lamberti, los Saldaniericonservaban, en efecto, el privilegio de ser enterrados a caballo.

En tal paisaje moral, la mujer carece de papel y no interviene en lo que podemos llamar vida de primera clase. Entendámonos: en todas las épocas se ha deseado a la mujer, pero no en todas se la ha estimado. Así en esta bronca edad. La mujer es botín de guerra. Cuando el germano de estos siglos se ocupa en idealizar la mujer, imagina la valquiria, la hembra beligerante, virago musculosa que posee actitudes y destrezas de varón.

Esta existencia de áspero régimen crea las bases primeras, el subsuelo del porvenir europeo. Merced a ella se ha conseguido ya en el siglo XII acumular alguna riqueza, contar con un poco de orden, de paz, de bienestar. Y he aquí que, rápidamente, como en ciertas jornadas de primavera, cambia la faz de la historia. Los hombres empiezan a pulirse en la palabra y en el mortal. Ya no se aprecia el ademán bronco, sino el gesto mesurado, grácil. A la continua pendencia sustituye el solatz e deport -que quiere decir conversación y juego-. La mutación se debe al ingreso de la mujer en el escenario de la vida pública. La corte de los carolingios era exclusivamente masculina. Pero en el siglo XII las altas damas de Provenza y Borgona tienen la audacia sorprendente de afirmar, frente al Estado de los guerreros y frente a la Iglesia de los clérigos, el valor específico de la pura feminidad. Esta nueva forma de vida pública, donde la mujer es el centro, contiene el germen de lo que, frente a Estado e Iglesia, se va a llamar siglos más tarde «sociedad». Entonces se llamó «corte»; pero no como la antigua corte de guerra y de justicia, sino «corte de amor». Se trata; nada menos, de todo un nuevo estilo de cultura y de vida...

El Sol, 26 de junio de 1927, Ortega y Gasset.